La lectura detenida del mensaje de Francisco, nos informa que “Alabado sea” es mucho más que una encíclica sobre el medio ambiente. En tal sentido no es una “Encíclica verde”.
“Mientas unos se desesperan solo por el redito económico y otros se obsesionan por conservar o acrecentar el poder, lo que tenemos son guerras o acuerdo espurios donde lo que menos interesa a las dos partes es preservar el ambiente y cuidar a los más débiles. Aquí también vale que “la unidad es superior al conflicto”.
Sin dejar de ser riguroso a la hora de describir los peligros que nos asechan hay en todo el documento una marcada visión de esperanza. Un llamado a hacernos cargo de nuestra casa común en peligro que nuestra acción puede aventar. Lo reflejamos en esta última cita: “Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza”
La presentación de la Encíclica “Laudato si”, por el Papa Francisco, ha significado la primera propuesta integral de un líder mundial, para detener la destrucción del planeta y proponer un desarrollo humano, en el siglo XXI.

Francisco dirige este documento eclesial a todos los hombres del mundo, en tanto considera que es un problema de toda la humanidad el que está en juego y que del plan que propone deben ser parte todos los pueblos independientemente de su religión, ideología o cultura. Asume, de tal forma., una catolicidad/ universalidad, propia de su ministerio petrino.
Es un Papa de todos y así es percibido y considerado por muchas iglesias cristianas no romanas, por fieles de otros credos y aun por aquellos que se consideran agnósticos.
Cuando apareció el documento muchos medios de comunicación la anunciaron como la “Encíclica verde”. Según los mismos, Francisco aggionaba a la iglesia con un mensaje ecológico, con las connotaciones que este adjetivo suele tener en la opinión pública.
Sin embargo, la lectura detenida del mensaje de Francisco, nos informa que “Alabado sea” es mucho más que una encíclica sobre el medio ambiente. En tal sentido no es una “Encíclica verde”.
En su concepción, va mucho más allá del ambientalismo y propone un nuevo pensamiento acerca de lo que llama una “ecología integral” donde involucra la economía, la política, las culturas, la antropología, la espiritualidad y la naturaleza y todas las conexiones que las relacionan.
El mensaje es para todos y convoca a los pueblos del mundo a iniciar una resistencia contra la cultura dominante y a ejecutar una verdadera revolución cultural.
Esta propuesta es verdaderamente el centro de su mensaje.
Su denuncia de la ideología capitalista, no ya como sistema de producción, ni siquiera como sistema económico, sino y fundamentalmente como una idea que ha penetrado todos los ámbitos de la cultura, aparece en todo el texto como un “leit motiv” que atraviesa todos los análisis de la realidad que llama a transformar.
Describe una civilización que vive rindiendo culto al dinero, con la liturgia del consumismo; donde la concentración del poder económico se ha vuelto el modelo de la política tanto en el ámbito internacional, nacional o local, con independencia de los signos ideológicos que afirman representar. Donde la constante es la exclusión de la decisión que les pertenece a los pueblos en el protagonismo político, a favor de las elites de cualquier orden, más allá de mantener sistemas democráticos formales.
El cambio de paradigma que enarbola con la sencilla frase “todo tiene que ver con todo” apunta al corazón de un método del conocimiento científico que ha fragmentado el saber y que desdibujado toda idea de unidad y universalismo. En definitiva, Francisco propone un nuevo pensamiento.
Es por eso, que nos convoca a todos a cambiar la mirada sobre esta realidad en la que vivimos. Nadie esta inmunizado de la enfermedad del individualismo. Nadie ha quedado indemne ante el economicismo del sistema. Nadie ha accedido al conocimiento, sin estar sometido a sucesivas fragmentaciones de todas las ciencias, que nos impiden ver al hombre como una unidad, al ser humano como parte de la naturaleza, a la historia que vivimos como parte de procesos complejos en las que intervienen múltiples factores que van desde la base material y cultural hasta el entramado de intereses, ocultados por relatos simplistas que obnubilan el diagnóstico e impiden la terapia adecuada.
Haber apartado la política, la economía o los negocios de la ética, haber puesto el acento en la enfermedad y no en la salud, por poner solo algunos ejemplos, tienen como origen el haber opuesto la fe y la razón.
Para desarrollar esta cultura fundada en el poder y el placer ilimitado del hombre, lo que Francisco define como “antropocentrismo desviado” era imprescindible la formación de un hombre intrascendente, que tuviera como meta agotar todas sus posibilidades vitales en su efímera biografía.
Para eso, fue necesario una antropología que concibiera un ser humano producto de la casualidad, sin que forme parte de ningún plan, desligado de su pasado y de su futuro, viviendo un presente que irrevocablemente termina.
Ese hombre intrascendente no puede construir historia. No piensa en la eternidad. Ni en la escatológica ni en la histórica. Aspira a un placer que se parezca a la felicidad y los nuevos sacerdotes de Mamón le ofrecieron una teología hedonista y una práctica sacramental consumista.
Hemos vivido, sin solución de continuidad, las tres etapas de este proceso de reduccionismo antropológico.
La primera etapa tuvo que ver con la muerte de Dios. A los autores del deicidio se les facilitó la tarea. Contaron con la colaboración de de quienes se habían apropiado de Dios a expensas del pueblo fiel y habían creado y transmitido una imagen que nada o poco tenía que ver con el anunciado por Jesús.
Sin perjuicio de ello, los autores intelectuales del crimen sabían con precisión a que Dios querían matar. Tenían la misma conciencia de los que lo habían crucificado en la persona de su Hijo.
Sin Dios, la verdadera libertad de sus hijos, generada por la encarnación y redención no puede ser ejercida. Es el momento de los “poderosos de este mundo” cuya intención es someter al resto de sus hermanos. Someterlos en su cuerpo pero fundamentalmente en su espíritu.
Ese espíritu oligárquico de dominación traduce ese sometimiento en esclavitud y marginación primero y en exclusión con esclavitud más tarde respecto de los seres humanos y en colonialismo primero, imperialismo más tarde, para concluir con la hegemonía de un poder anónimo mundial que intenta y – en general - logra controlar todos los resortes del poder.
Por último someter a la naturaleza hasta el punto del agotamiento, tal como lo vivimos en la actualidad era el colofón lógico de ese plan de dominación.
Nuevamente aquí aparece un relato justificador y hasta optimista que sintéticamente dice: No se preocupen por los peligros que aparecen. La ciencia y la técnica lo han de arreglar. Se lo dice con la misma liviandad que los que afirmaron que los problemas del hambre y la miseria en el mundo se resolverían con el crecimiento del mercado y por obra y gracia del derrame.
Es lo que Francisco identifica como la dictadura del paradigma tecnocrático.
El hombre ha adquirido un enorme poder. Los avances científico y fundamental los tecnológicos de las últimas décadas lo demuestran no solo a los científicos sino al hombre común que ve en sus manos el resultado y no cesa de asombrarse. Lo que queda generalmente oculto a los ojos del conjunto de la humanidad es que ese poder sigue la lógica de la concentración y el control sigue estando en unos pocos, cada vez más anónimos.
Refiriéndose a los avances científicos y tecnológicos afirma Francisco: “Es justo alegrarse ante estos avances y entusiasmarse frente a las posibilidades que nos abren estas constantes novedades”1 . Sin embargo, es oportuno reconocer que nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo.
Hay un problema más profundo aun: “¿En manos de quienes está y puede llegar a estar tanto poder? Es tremendamente riesgoso que resida en una pequeña parte de la humanidad” 2.
La intervención humana en la naturaleza siempre ha acontecido. Pero su característica era plegarse a las posibilidades que ofrecen las cosas mismas.
En cambio hoy se trata de extraer todo lo posible de las cosas por la imposición de la mano humana, que tiende a ignorar u olvidar la realidad misma que tiene delante.
Por eso, reflexiona el Santo Padre, el ser humano y las cosas han dejado de tenderse amigablemente la mano para pasar a estar enfrentados.
De aquí se pasa a la idea del crecimiento infinito que ha entusiasmado tanto a economistas y tecnólogos,
Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta que lleva a estrujarlo hasta el límite y más allá del límite.-
El paradigma tecnocrático también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y las finanzas.
La economía asume todo el desarrollo tecnológico en función del rédito sin atender las consecuencias que pueda tener para ser humano.
Las finanzas ahogan a la economía real.
Con sus comportamientos expresan que el objetivo de maximizar los beneficios es suficiente. Pero el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social. Mientras tanto, tenemos un superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora.
En Laudato si se plantea con claridad que la resistencia cultural y la revolución consecuente debe incluir como condición imprescindible un cambio antropológico. Una nueva imagen de hombre que recupere la armonía con su Creador, con los demás hombres y con la naturaleza.
Siguiendo la línea de pensamiento que propone cuando hace el diagnostico de lo que ocurre en nuestra casa común coloca junto a los problemas como la contaminación y el cambio climático, la cultura del descarte, analiza en detalle la cuestión de la perdida de la biodiversidad y agrega el deterioro de la calidad de vida humana, la degradación social y la inequidad planetaria, afirmando que el ambiente humano y el ambiente natural se degradan junto s y no podremos afrontar con éxito estos problemas si no prestamos atención a las causas que provocan la degradación humana y social, sin dejar de recalcar que en definitiva son los pobres los que siempre terminan más afectados por esta situación.
Lo confirma cuando manifiesta: “..no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” 3.
Siendo a fiel a la idea de que todo está conectado, Francisco asegura que no se pueden sanar las relaciones del hombre con la naturaleza si no se sanan las relaciones entre las personas, si no se reconoce su trascendencia.
Otras cuestiones que aparecen como trascendentales dentro de esta concepción de ecología integral son que integra a la agenda de la misma lo que llama “ecología de la vida cotidiana”. Aparece especialmente destacado el tema de la vivienda, del transporte, de la integración de las ciudades y el derecho a habitar en ellas, y fundamentalmente, la cuestión del trabajo para todos.
Finalmente, Francisco propone acciones concretas para comenzar a desarrollar este programa. El centro de su propuesta es promover grandes caminos de diálogo para salir de la destrucción a la que nos estamos sometiendo.
Un dialogo internacional donde todos los países del globo puedan ser protagonistas en igualdad de posibilidades a la hora de decidir, resguardando la soberanía de los estados.
Agrega una condición y es que los países desarrollados que han sido responsables de la mayor cantidad de atentados contra el equilibrio ecológico paguen la deuda social que adeudan a los países pobres ayudándolos a desarrollar tecnologías menos contaminantes y proveyendo ayuda en transferencia tecnológicas, asistencia técnica y auxilios financieros. Asimismo invita a establecer consensos destinados a evitar catástrofes locales y confeccionar marcos regulatorios globales para prohibir la exportación de industrias altamente contaminante, la protección de los océanos y en general asegurar la gobernanza de los bienes comunes globales.
Asimismo, propone un dialogo al interior de las naciones y da especial importancia al que se pueda gestar al interior de los municipios y ciudades. Alienta a la sociedad para que a través de sus organizaciones obliguen a los gobiernos locales a desarrollar normativas más rigurosas al tiempo que le asigna a este proceder la ventaja de generar una conciencia en la población que siendo participe de la elaboración de las normas que resguarden el ambiente se sentirán mas comprometidos con el cumplimiento de las mismas.
Sugiere también un dialogo entre las religiones y la ciencia y un dialogo al interior de los distintos grupos que forman el movimiento ecologista.
Por último, Francisco asigna a la política un rol esencial para la resolución del problema ecológico. Sugiere una política que llevo a cabo un replanteo integral de su rol, que incorpore en un dialogo interdisciplinario los diversos aspectos de la crisis. Considera indispensable un dialogo sincero entre política y economía y concluye con una frase que también ha deservir para concluir este artículo: “Mientas unos se desesperan solo por el redito económico y otros se obsesionan por conservar o acrecentar el poder, lo que tenemos son guerras o acuerdo espurios donde lo que menos interesa a las dos partes es preservar el ambiente y cuidar a los más débiles. Aquí también vale que “la unidad es superior al conflicto”.
Sin dejar de ser riguroso a la hora de describir los peligros que nos asechan hay en todo el documento una marcada visión de esperanza. Un llamado a hacernos cargo de nuestra casa común en peligro que nuestra acción puede aventar. Lo reflejamos en esta última cita: “Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza” 4

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