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Aportes preliminares a la reunión de Generación Franscisco en Rosario: "Una Voluntad Argentina"

Argentina es una voluntad puesta en acto, para construir una nación desde el extremo austral del mundo, hacia toda América Latina y para toda la humanidad.

Esta voluntad ha ido manifestándose desde hace casi 500 años y se fue plasmando por la voluntad del “Partido Popular Católico”, el que ha dado como fruto un Movimiento Nacional con vocación latinoamericana, que se manifestó con mucha claridad a partir de nuestra independencia.

San Martín, Belgrano, Moreno y muchos otros, iniciaron un camino seguido por Rosas, junto a los gobernadores y jefes populares de las provincias argentinas y así fue avanzando y resistiendo según pudiera el pueblo argentino expresarse hacia esta construcción, o simplemente soportarr los embates de la antipatria. Prueba de ello fue la resistencia al genocidio del pueblo paraguayo y la vibrante expresión del ideario popular en José Hernández. En este marco de triunfos y derrotas del movimiento nacional, llegamos al siglo XX con Hipólito Irigoyen y su máxima expresión con Eva y Juan Perón.

Frente a esta manifestación de voluntad popular y nacional, siempre se opuso el partido oligárquico, aldeano, (generalmente masón) y pro británico o estadounidense según las épocas, siendo expresiones de esa voluntad antinacional, personajes como Lavalle, Rivadavia, Urquiza, Mitre, Roca, Sarmiento, la oligarquía de la década infame, los fusiladores de 1955, los golpistas de 1966 y los criminales de 1976. Pero no es momento de quedarnos haciendo historia sino remitirnos a ese hecho trágico de nuestra patria para analizar el presente.

Sólo por poner un hito, destaquemos que desde el fusilamiento de Dorrego en adelante, la oligarquía ha venido persiguiendo, encarcelando, proscribiendo, exiliando, torturando y asesinando a los cuadros y dirigentes del pueblo argentino como método de sojuzgamiento popular.

Al fallecimiento del Gral. Perón, la oligarquía comprobó que el Movimiento Nacional (en este caso el peronismo), era capaz de sobrevivir a su jefe, e inclusive podía avanzar en su institucionalización (una muestra pequeña, pero muestra al fin, fueron las “Mesas de Trabajo” como expresión social de la organización popular).

Frente a estas circunstancias, la oligarquía y el imperialismo decidieron avanzar en la recuperación del espacio perdido en nuestro continente con el retorno de Perón y a nivel mundial con la derrota de Vietnam. El golpe chileno en la semana del triunfo electoral del Gral. Perón muestra la articulación siniestra del plan del imperio contra la nación argentina y su pueblo.

Sumado a esto se alentó el surgimiento de tendencias que -“a derecha y a izquierda”  - iban desagregando porciones del movimiento popular para debilitar a la Nación Argentina, completado con el abierto enfrentamiento golpista de la oligarquía (huelgas de las patronales del campo, aumentos de precios por los parte de los sectores concentrados de la economía, constitución de un frente empresarial oligárquico  y mucha agitación mediática, lo que creó el campo propicio para utilizar la estupidez y miserabilidad de una cúpula militar reaccionaria, formada en las peores escuelas (la de guerra contrainsurgente de Panamá y en los métodos de tortura de los comandos franceses expulsados de Argelia, e inclusive de Francia), para concretar la criminal acción golpista.

El plan no fue dar un golpe más, sino producir una verdadera revolución (o contrarrevolución), generando el exterminio de los cuadros medios populares, la disolución de todas las organizaciones sociales y políticas del Movimiento Nacional, la siembra del terror como método de conducción y ordenamiento social, lo que facilitaría la apropiación de la riqueza de los argentinos y la generación de un proceso de desnacionalización de la economía y destrucción del aparato del Estado (lo que se completó luego, durante los años 90,  con los golpes oligárquicos institucionales de Menem – De la Rua –  Cavallo).

En este tiempo se liquidó toda forma de organización popular, se cortó la memoria histórica de los jóvenes, se silenció a los portadores de esa historia y se comenzó el proceso de exclusión, masificación y bandalización de amplios sectores del pueblo argentino, el que además - y como agravante -  carecía de una conducción.

En este proceso se generó un fenómeno nuevo. La oligarquía argentina durante el periodo posterior a la generación del 80 y en tiempos de la década infame, decidía las políticas (y sus ejecutores), en reuniones efectuadas en el Jockey Club, la Sociedad Rural y fundamentalmente en la embajada británica, pero en 1976 fueron los hombres de las grandes empresas (luego convertidos en grupos concentrados), los sectores financieros y la Sociedad Rural, los que ocuparon directamente las funciones gubernamentales, es decir el frente empresariado oligárquico, denominado en ese momento Consejo Empresario Argentino, se hizo cargo directamente de la conducción del gobierno.

Si bien debe destacarse el retorne a una democracia tutelada, como un continuo y sin cambio de rumbo (sólo con un breve intento contrario en el gobierno de Alfonsín), llegamos a la crisis casi terminal del 2002 y al surgimiento del nuevo gobierno que comienza en 2003.

Por razones de debilidad orgánica, por necesidad de acumular poder y por errores de formación, Néstor Kirchner, nuevo presidente, se enamora de la política de intensificación del enfrentamiento, lo que le permite construir un importante poder. Durante su gestión realiza distintas alianzas con los dirigentes obreros, sectores de izquierda, los movimientos sociales, algunos sectores radicales y fundamentalmente los autodenominados sectores progresistas (los que en general ocupan áreas de cultura y medios de comunicación).

Cristina Kirchner asume su mandato planteando el desarrollo de un acuerdo nacional mediante el Consejo Económico y Social, organismo que no llega a intentar constituir por las inmediatas maniobras golpistas de los grupos financieros y sectores más concentrados de la economía. Esto impide verificar si esa voluntad de avanzar en un acuerdo nacional era verdadera o no.

La muerte de Néstor Kirchner agudiza las contradicciones con los dirigentes sindicales y diversos sectores políticos (peronistas y/o aliados) lo que la decide a fortalecer una fuerza estrictamente “propia”, en particular alrededor de un ala (La Cámpora), desentendiéndose de organizar el campo popular por fuera de las organizaciones militantes y sociales, sobrevalorando al mismo tiempo la clarísima exposición de sus ideas, mediante las cadenas nacionales.
De esta manera, núcleos oficialistas o neutrales comienzan a no sentirse contenidos, dado que todo se maneja exclusivamente según la posición en los “aparatos” de los estados nacional, provincial o municipal, olvidándose de que “conducir es persuadir” y lógicamente incluir a todos los sectores no enemigos. Por otra parte el papel de los grupos autodenominados “progresistas” genera enfrentamientos con amplios sectores del peronismo e irracionales conflictos con la Iglesia.

Esos errores permitieron el desarrollo de un frente opositor, donde concurren desde los grupos concentrados de la economía, en particular los ligados al comercio exterior y a las finanzas, hasta sectores de clase media, descontentos más con las formas que con el fondo y fácilmente influenciables por los medios de comunicación e incluso una parte de los trabajadores.

Durante los gobiernos de los Kirchner se concretaron importantes logros, como ser la recuperación de YPF, Aerolíneas, Aguas Argentinas y los fondos de las jubilaciones, el rechazo del ALCA y un avance en la tarea de integración continental y el desarrollo de un política exterior independiente, la implementación de la Asignación Universal por Hijo y Embarazada, considerables aumentos en las jubilaciones, salarios mínimos, vigencia de las convenciones paritarias, una muy importante disminución del desempleo, recuperación de los ferrocarriles argentinos, reducción de la deuda externa y eliminación de la dependencia del FMI, repatriación de científicos, amplio impulso de una política de desarrollo tecnológico, (satélites, cohetes, energía atómica, fomento de la investigación), la creación de 12 nuevas universidades y el fortalecimiento a las existentes, el Plan Conectar Igualdad, el Procrear, el Ahora 12, la ley de medios, el “Futbol para todos”, el impulso presupuestario para la educación (6%) y  para la ciencia y tecnología  (1%), etc., etc.

Pero la falta de articulación de estas políticas con las organizaciones sociales y el no impulso al desarrollo del Movimiento Nacional, vieron limitados en algunos casos la totalidad de los beneficios que pudieran haberse logrado. En determinadas circunstancias la implementación de algunas de las medidas fue mediatizada por los Estados (nacional, provincial y municipal) y estuvo sometida a la capacidad o voluntad de estas estructuras, sin poder potenciarse por la participación popular.

Un capítulo especial merece el tema de la corrupción. Si bien lejos de los niveles del período de la dictadura y del menemismo, e inclusive por debajo de los niveles de las provincias y fundamentalmente del gobierno de la Ciudad de Bs. As., la corrupción se mantuvo cerca de los niveles históricos. La implementación de normas de transparencia, publicidad de licitaciones y compras y de normas claras de procedimientos, etc., bajaron los niveles de corrupción, en particular en el área de las compras y suministros. Pero siempre se mantuvo un nivel de duda en la gran obra pública  y de determinados servicios.

Pero – insistimos - el problema más grave fue el de la falta de organización política del pueblo argentino y de su movimiento nacional, lo que hizo que se llegara a estas elecciones sin una “descendencia” o equipo de continuidad, absolutamente reconocido por los más amplios sectores populares.

Si a esto le sumamos un fuerte agrupamiento - externo e interno - de los sectores de los diversos poderes y las mezquindades de la dirigencia política argentina en general, se crearon las condiciones para el triunfo de un nuevo gobierno, que podríamos denominar como el primer gobierno populista de la argentina.

Si bien sabemos que ese término no define nada, un ejemplo típico de lo que los europeos denominan populismo, es Berlusconi, empresario de gran poder económico, presidente del Club Milán, quien con gran apoyo mediático y empresarial gobernó Italia durante muchos años casi sin estructura política propia. Esto es lo más parecido al gobierno de M. Macri.

En nuestro país, la principal estructura política opositora, el Partido Radical, que ha negado (desde hace muchas décadas) sus orígenes irigoyenistas e inclusive la aspiración socialdemócrata de Alfonsín, decidió dejar de ser definitivamente un partido político nacional, para convertirse en una federación de partidos provinciales y municipales, que sólo aspiran a ocupar cargos menores, como legisladores, intendentes y eventualmente gobernadores, a cambio del alquiler de la estructura partidaria y están cada vez más descomprometidos de la aspiración de participar de un gobierno nacional.

Así llegamos al nuevo gobierno, con un gabinete que muchos han definido como “Washington friendly”, lo que ciertamente es correcto, pero - para ser exactos  -deberíamos afirmar que además es “grupos económicos friendly”.
Es decir, un gabinete donde se ha entregado la política energética a la empresa británica Shell, la agricultura a CRA y la Mesa de Enlace (como en 1976), la cultura a los grupos empresarios culturales y el resto del gobierno a ejecutivos y banqueros (la mayor parte formados en el extranjero), lo que implica la privatización completa de la administración del Estado nacional (o para ser más precisos el otorgamiento de la administración para ser “gerenciada”). Lo mismo sucede en la provincia de Bs. As. (donde por ejemplo Monsanto se hará cargo de la agricultura) y en CABA (es de destacar la importante participación de funcionarios del grupo Macri y de otros grupos con los cuales este realizó asociaciones para  determinados emprendimientos o “joint ventures”). (el análisis del gabinete se  realiza por aparte)
Yendo a las medidas anunciadas desde punto de vista económico: fuerte devaluación, quita de subsidios a los servicios públicos, baja de protección a la industria nacional, aumento de los insumos importados (lo que influye en el precio desde los autos hasta las heladeras, o desde el café hasta la banana), el aumento en el mercado interno de los productos transables, es decir los productos argentinos que se exportan (desde la harina hasta la carne o la manzana), sin dudas implicará una fuerte pérdida del valor de los salarios y jubilaciones y una importante transferencia de riquezas hacia los sectores exportadores y financieros. Luego del ajuste podrá “acordarse” un pacto salarial, pero el ajuste se hace sin pacto y los salarios serán "pactados”.

De todas maneras luego del impacto de este fuerte ajuste, se espera un período de relativa actividad económica, con tranquilidad cambiaria, producto del ingreso de los dólares de más de una cosecha completa y otros productos de exportación hoy retenidos, el flujo de fondos del sistema financiero internacional y de China y de la paz con los grupos concentrados económicos financieros que tendrán a su cargo la administración gubernamental  y el desarrollo de las obras y servicios resueltas por el nuevo gobierno. (La quita de los subsidios traerá inversiones pagadas por los consumidores en las áreas energéticas, y también el endeudamiento externo con concesiones).
En lo que hace a la política exterior, sin dudas habrá un fuerte alineamiento con los EE.UU., un debilitamiento de las relaciones con los países de América Latina y el Mercosur (el anuncio del pedido de exclusión de Venezuela del Mercosur ya trajo reacciones en diversas administraciones, inclusive la uruguaya).

En este sentido destaquemos que – como sucedía en los 90 – una de las primera incursiones europeas del nuevo presidente será para concurrir al Foro de Davos, cumbre púbica de los sectores de poder a nivel planetario y ámbito de exposición del pensamiento neoliberal (además de espacio “paquete y cholulo” para las fotos con los poderosos)
Un dato no menor es la afirmación del presidente Macri en el sentido de que la mayor parte de la pauta publicitaria oficial será para Clarín. Otro dato a considerar es que el mantenimiento de determinados programas y organismos no es ninguna garantía, lo importante será si se los dota de fondos y de políticas para mantenerlos.  No puede quedar al margen de este análisis el hecho de que, aumentando considerablemente el número de ministerios, haya desaparecido en Ministerio de Industria…

Aunque se disimule argumentando cuestiones protocolares, no pasa desapercibido que el papa Francisco (nunca atado al protocolo) no envió ningún saludo por la  elección, ni a la gobernadora de la provincia de Bs. As., ni al presidente de la nación.
El movimiento nacional deberá desarrollar un proceso que incluya una fuerte crítica y autocrítica, pero cuidando que los sectores que se han autoexcluidos de las políticas nacionales pretendan aprovechar la crítica al kirchnerismo para intentar “domesticar” al movimiento popular (ya manifestamos que un populismo de derecha estará en el gobierno, no hay lugar para otro en la oposición). Así mismo la reconstrucción no puede quedar en manos sólo de quienes hoy ocupan funciones de gobierno, sino que es necesario reunir a todos los sectores militantes, inclusive a muchos que han estado enfrentados (“por derecha y por izquierda”) con el gobierno saliente y lógicamente de otros partidos, articulando la mayor cantidad de fuerzas del campo nacional.

En este sentido la articulación no sólo debe ser política, sino también social, incluyendo a sectores de la pequeña y mediana empresa, los sectores de la educación, ciencia y técnica, la Iglesia, el movimiento obrero, los grupos de pequeños y medianos agricultores y ganaderos, etc., etc. Todo ello para la reformulación de una estructura política nacional, popular, cristiana y latinoamericana.


Lic. Jorge Benedetti
Sociólogo

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